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“Mire doctor, me duele el cuello desde hace tiempo…”

Espondlilosis cervical, cervicalgia degenerativa, cervicoartrosis…Sí, muchos nombres y mucha confusión. Desgraciadamente estamos hablando de una de esas epidemias silentes de nuestro desarrollado entorno. Generalmente a muchos traumatólogos esta patología nos incomoda, quizá porque a pesar de poder realizar un diagnóstico relativamente sencillo, las opciones de tratamiento a veces no son todo lo satisfactorias que queremos debidas a las circunstancias que rodean el problema. Me explico para todos sin academicismos.

Comencemos por el principio. Un poco de anatomía básica. La columna cervical tiene 7 vértebras, con sus discos intervertebrales (inexistentes entre el occipital-C1 y  entre C1-C2), sus ligamentos correspondientes y sus articulaciones (¡que importantes y que desconocidas!) y por supuesto su sistema de raíces nerviosas y la médula. Me parece importante empezar diciendo qué es lo que realmente duele. Pues bien, duele la raíz nerviosa por compresión o isquemia,  los ligamentos, la musculatura, que se contractura ante la presencia de alteraciones, pero sobre todo duelen las articulaciones interapofisarias que son el origen del dolor cervical en un  25-75% de los casos. El disco no duele, no tiene terminaciones nerviosas, pero indirectamente la hace por compresión nerviosa y la  inestabilidad que provoca.

Es importante comprender la historia natural de esta enfermedad. Como todas las cosas los humanos nos “gastamos”. Los discos intervertebrales a partir de la 3ª década de la vida van alterando sus propiedades, se deshidratan  y su núcleo se va extruyendo. De ahí que se formen protrusiones del disco (a veces hernias) y pérdida de altura, que producen pequeñas microinestabilidades que dañan ligamentos y articulaciones. El hueso reaccionará produciendo osteofitos, que no son más que un intento de estabilizar lo dañado. Y la musculatura se contractura en un intento de colaborar en dicha estabilización con lo que se la columna “se pone recta”. Como veis se van afectando todas esas estructuras que antes decíamos que dolían. El problema es que no sabemos exactamente cuando empiezan a doler. A veces muchos traumatismos menores como un latigazo cervical (whiplast) lo desencadenan en columnas que ya sufrían en silencio. Otras veces, la mayoría, es un proceso degenerativo puro y duro. Pensad en una columna de una casa antigua, ¿como la mantendríais en pié si estuviese dañada?

A estas alturas ya deduciríais algunos de los síntomas que se provocan. Dolor con el movimiento, contracturas, crujidos, dolor de cabeza occipital e incluso mareos por la contracción de vasos sanguíneos que corren hacia la cabeza por el sistema vertebral, y finalmente síntomas neurológicos por irritación de las raíces nerviosas que van hacia el hombro, brazo y mano. La forma más grave es la afectación de la médula cervical en casos avanzados, con una sintomalogía muy variada. Esto es importante, “doctor me duele el hombro”, pero en realidad quizá mi problema esté en el cuello.

Las pruebas diagnósticas como los Rx, o una RNM (resonancia magnética) son ayudas para establecer un diagnóstico y una gradación del problema. Dejad al traumatólogo su interpretación, porque las manifestaciones radiológicas no se corresponden con la sintomatología en muchos casos. De hecho las encontramos hasta en un 95% en personas mayores de 65 años asintomáticas.

Llegados a este punto os introduzco otra reflexión: ¿por qué unas columnas se gastan antes que otras? He aquí la clave. Está claro que no todos tenemos exactamente  la misma anatomía, pero tampoco el mismo estilo de vida, ni siquiera las mismas preocupaciones. Todo ello influye. Por ejemplo, fumar no sólo es perjudicial para el pulmón, también para la columna vertebral y muchos pacientes se extrañan cuando se lo explicas. Es típico ver a una persona de 35 años con dolor cervical y contracturas. Empezamos a historiar el problema y resulta que no hace deporte, trabaja muchas horas de pié, tiene un niño de 1 año que no para y está enfadado/a con media famila. O una de 60 años harta de trabajar, con actividad física limitada, fumador y con una radiografía que mete miedo. Resultado:  destonificación muscular por falta de ejercicio físico  adecuado, lo que se traduce en baja protección a nivel articular, microtraumatismos repetidos (malas posturas, ejercicio incorrecto)y stress (tensión). ¿Y quién corrige esto en una consulta de 15 minutos?… Pues siempre hay algo que hacer.

Explicar. Responsabilizar al paciente de su estado y ayudarle. No todos nos cuidamos igual. Un antiinflamatorio o un relajante muscular  sólo es una parte del tratamiento. Ojo, con esto de la espalda hay un montón de engaño terapéutico, como en todos los problemas crónicos y difíciles de resolver de un día para otro: máquinas extrañas, masajes exóticos, sapos, culebras y la opinión del vecino…Buscad gente formada, profesionales del asunto. Sin duda, en mi opinión,  la terapia física rehabilitadora, fisioterapia y especialmente el deporte de tonificación son claves en el manejo de esta enfermedad a corto y largo plazo combinados con el tratamiento médico. Lo difícil creo, es alentar al paciente para cambiar sus hábitos de vida. Y no es igual el hábito deportivo de una persona de 40 años que el de una de 75. Pero insisto, siempre hay algo que hacer. Pensad en la pregunta de la columna de una casa antigua. Yo reforzaría los pilares accesorios, y eso en la columna vertebral se traduce en músculos y ligamentos. Felicitaciones a los compañeros de la Traumatología que mantienen contacto con los fisioterapeutas, osteópatas y viceversa que tratan los a los pacientes. Es fácil prescribir unas sesiones de fisioterapia, lo difícil a veces es la comunicación. Todos aprenderemos mucho. Pensad que el tratamiento quirúrgico solo es necesario en casos muy limitados, y que un problema que se genera durante muchos años no se resuelve en una semana.

No dejéis de acudir al traumatólogo. Un buen diagnóstico precede a un buen tratamiento. Ya veis que el manejo del problema abarca muchos campos tanto físicos como psicológicos, e implica  diversos  profesionales de la salud.  Pero tened la esperanza de que el problema se puede resolver, el dolor puede remitir. Es verdad, no es fácil, pero para eso estamos.

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